jueves, mayo 27, 2010
Lo ha dicho: Niña Incógnita, a las 7:41 p. m.

Hoy me siento mejor... las palabras de Leonardo me hacen sentido, estamos compuestos de sonrisas y tristezas. Hoy quiero intentar dar sonrisas.
 
miércoles, mayo 26, 2010
Lo ha dicho: Niña Incógnita, a las 10:00 p. m.

Olor a Canela.... creo que... cuando empecé a escribir aquí era porque quería liberar energías, tensión, buscar aire puro.
Y estuvo bien, me sirvió. Después no sé qué pasó. Precisamente eso, hay cosas que aún no entiendo por qué pasaron o por qué no pasan... todavía tengo tristeza a ratos ¿por qué?

A veces creo que hay cosas que simplemente no son para mí...
 
martes, agosto 25, 2009
Lo ha dicho: Niña Incógnita, a las 11:24 p. m.

El vehículo lleva colgado en el espejo retrovisor un rosario de perlas blancas semi transparentes; me subí y quedé justo mirando la cruz, el Cristo sufriendo, me quedé pegada en Él, como si hubiese por un minuto una pausa, como si me quisiera decir algo que no alcanzo a escuchar, como si yo quisiera preguntarle algo. Pero no escucho, me distraen las risas, las palabras burdas, el ruido del motor, el viento que se cuela por los vidrios a medio abrir.
El día está extraño, no sé bien si es invierno o si ya no lo es, los campos en segundo plano se ven tan verdes, contrastando con las carreteras, los edificios.
Tengo dibujada una sonrisa en la cara, pero es sólo eso, dibujada.
Tengo los ojos cansados, mi mente envuelta.

Quisiera descansar, descansar de mi misma, descansar de la rutina. Sobre todo de la rutina.

Pestañeo, y en ese instante veo el mar, inmenso tan grande, tan inagotable. Está ahí con un sol anaranjado reflejándose en sus olas calmas. Quisiera ese fondo y estar sentada sobre madera quieta respirando, viviendo, sintiendo.

El vehículo se detiene, es hora de bajar.
 
sábado, marzo 07, 2009
Lo ha dicho: Niña Incógnita, a las 10:57 p. m.

Hasta que por fin mi barco llegó a la arena caliente, a tierra soleada, donde hay mucho que recorrer, y mucho que ganar. La nube se fue, por fin se fue.

Tengo tantas ideas locas en mi cabeza, hace rato que quería animarme para escribir cualquier cosa, porque siento que necesito sacar los mundillos hacia fuera, ordenar mis cosas.

El verano curiosamente ha sido frío, no tomé vacaciones, pasé de largo, tampoco podía llegar y partir, sólo tuve un fin de semana que me pareció de quince días.
Mi oficina es vainilla, los vidrios de mi ventana no están tan limpios como quisiera, pero creo que no tengo derecho a quejarme, estoy bien así.

Los días pasan tan rápido, que casi estoy flotando en los acontecimientos. La rutina está instalada, con la mecanicidad de mis días. Pero me traigo algo grandote entre mis manos, una idea que me parece un sueño, un dulce inalcanzable, pero estoy aquí, luchando por eso.

Me he fijado que el trabajo es un mundo, cada lugar de trabajo es un mundillo interesante, y desde que llegué al mío estoy observando.

Me gustaría una ventana que mostrara algo más que el cielo y los tejados, y unas puertas de vidrio que no revalaran tanto.

Ahí detrás de ellas está Tomás.

El día que llegué, hace tiempo ya, me recibió con un terno gris, del mismo color de mi chaqueta, lo primero que vi fueron sus cejas tan tupidas, tan negras, tan intensas, y ese anillo ancho, liso que lleva en la mano izquierda, plateado, brilloso.

A ratos creo que se siente incómodo, o más bien me siento incómoda yo, de tener menos experiencia que él y llegar a un lugar un poco más alto que el suyo. Pero me lo he ido ganando a pulso, teniendo cuidado de no pasarlo a llevar. No es mi amigo, no sé si lo llegaremos a ser, tampoco me interesa eso. Sólo quiero que trabajemos bien.

A través de las puertas de vidrio veo sin querer, a Carolina, todos los días, en todas las horas de almuerzo, pero hago como que no veo, como que no se. A veces están abrazados escuchando música, a veces sus manos están juntas.

Los primeros días creo que es su pareja o algo similar, pero no sé por qué no me intereso más, no pregunto nada... además qué tengo que andar preguntando cosas, si tampoco quiero contar mi vida.

Un día de febrero está nublado, tengo frío, asi que me estoy moviendo de un lado a otro, haciendo cosas, para aguantar. De repente miro afuera una muchacha, blanca, blanca, está parada mirando un arreglo floral gigante que dejaron en la entrada.
Me doy cuenta que no trabaja con nosotros.

Vuelvo a mi oficina ordenando cosas, y de repente entra Tomás con la muchacha, me la presenta, me dice que es su señora. Se llama Denise. Ella me saluda muy cordial, me parece una mujer buena, impecablemente vestida. Quiere hablar más conmigo, pero Tomás se la lleva rápido, y caminan de prisa hacia la entrada, más allá del arreglo floral.
 
sábado, noviembre 08, 2008
Lo ha dicho: Niña Incógnita, a las 10:44 a. m.

¿Qué pasó? ¿en qué momento todo cambió?. La muerte de Diego, me impactó, porque tenemos la misma edad, porque seguramente él y su polola estaban llenos de sueños, y la vida cambia de un minuto para otro.
Pero saber otros detalles, que esto no fue un simple robo, que no se trata de un delincuente común, me deja helada.
¿Cómo puede haber tanto odio, como para desear la muerte?, ¿cómo?, ¿no hay sentido común?, la decisión de matar, aún arriesgando la vida de otros, que nada tienen que ver con rencillas familiares.
¿En qué parte del camino nos perdimos? ¿cómo nos perdimos tanto?, ¿acaso ya no habrá retorno?
 
jueves, agosto 21, 2008
Lo ha dicho: Niña Incógnita, a las 7:03 p. m.

Los ojos de mi abuelo son oscuros, me miro en ellos con tantas preguntas sin respuestas.
Quiero creer que nadie se muere en la víspera, que los malos tiempos pasan, y que se puede volver a sonreir a pesar de todo.
Podría escribir tanto sobre las penas, sobre la incertidumbre, pero creo que a pesar de esta tormenta, aún me mantengo en pie, porque... aunque me cansa, no me termina de agotar.
Mi abuelo casi no tiene arrugas, su frente está firme, y a pesar de su fragilidad veo en él la figura de hace unos años, de un hombre fuerte, de esos que trabajan siempre. Tiene sobre sus piernas un chal con una línea roja que contrasta con el color de su piel y de sus canas.
Su mano está tibia, casi fría, dice que los días están mejorando, recuerda su infancia, su juventud, su trabajo, dice que sabe quien soy, pero a veces yo no creo. Pienso que se quedò con mi figura de niña y no con esta imagen nueva que ni yo misma entiendo.
Dice que todos los días ve a Dios, pero que él se devuelve, y está esperando ahí que pasen los días, que está en los descuentos.
Yo le digo que si esta ahi es por algo, aunque su familia de origen ya no esté, tiene una nueva familia, ésta que formo él.
Hay días que hasta el gris del cielo me ha dolido, a ratos creo que perdí los remos de esta embarcación.
Pero si estoy aquí, con este frío, con esta niebla, en este barco sin rumbo, en este hoy como está mi abuelo, es por algo.
 
viernes, junio 27, 2008
Lo ha dicho: Niña Incógnita, a las 5:02 p. m.

Esta es la entrada número 100, y está lejos de ser una fiesta. Incluso me pasé por alto el segundo aniversario de este blog, porque no tenía inspiración para escribir nada, y no se bien por qué, quizás ni siquiera tenía algo que decir.
Miro entradas anteriores, donde veía dolores de otros, pero no sabía que venía en el camino una piedra para mí.
Hoy estoy sufriendo, a veces sin lágrimas, a veces con ellas. Estoy tratando de mantenerme en pie, pero es dificil, tengo pena, tristeza y pocas esperanzas.