martes, agosto 25, 2009
Lo ha dicho: Niña Incógnita, a las 11:24 PM

El vehículo lleva colgado en el espejo retrovisor un rosario de perlas blancas semi transparentes; me subí y quedé justo mirando la cruz, el Cristo sufriendo, me quedé pegada en Él, como si hubiese por un minuto una pausa, como si me quisiera decir algo que no alcanzo a escuchar, como si yo quisiera preguntarle algo. Pero no escucho, me distraen las risas, las palabras burdas, el ruido del motor, el viento que se cuela por los vidrios a medio abrir.
El día está extraño, no sé bien si es invierno o si ya no lo es, los campos en segundo plano se ven tan verdes, contrastando con las carreteras, los edificios.
Tengo dibujada una sonrisa en la cara, pero es sólo eso, dibujada.
Tengo los ojos cansados, mi mente envuelta.

Quisiera descansar, descansar de mi misma, descansar de la rutina. Sobre todo de la rutina.

Pestañeo, y en ese instante veo el mar, inmenso tan grande, tan inagotable. Está ahí con un sol anaranjado reflejándose en sus olas calmas. Quisiera ese fondo y estar sentada sobre madera quieta respirando, viviendo, sintiendo.

El vehículo se detiene, es hora de bajar.
 
sábado, marzo 07, 2009
Lo ha dicho: Niña Incógnita, a las 10:57 PM

Hasta que por fin mi barco llegó a la arena caliente, a tierra soleada, donde hay mucho que recorrer, y mucho que ganar. La nube se fue, por fin se fue.

Tengo tantas ideas locas en mi cabeza, hace rato que quería animarme para escribir cualquier cosa, porque siento que necesito sacar los mundillos hacia fuera, ordenar mis cosas.

El verano curiosamente ha sido frío, no tomé vacaciones, pasé de largo, tampoco podía llegar y partir, sólo tuve un fin de semana que me pareció de quince días.
Mi oficina es vainilla, los vidrios de mi ventana no están tan limpios como quisiera, pero creo que no tengo derecho a quejarme, estoy bien así.

Los días pasan tan rápido, que casi estoy flotando en los acontecimientos. La rutina está instalada, con la mecanicidad de mis días. Pero me traigo algo grandote entre mis manos, una idea que me parece un sueño, un dulce inalcanzable, pero estoy aquí, luchando por eso.

Me he fijado que el trabajo es un mundo, cada lugar de trabajo es un mundillo interesante, y desde que llegué al mío estoy observando.

Me gustaría una ventana que mostrara algo más que el cielo y los tejados, y unas puertas de vidrio que no revalaran tanto.

Ahí detrás de ellas está Tomás.

El día que llegué, hace tiempo ya, me recibió con un terno gris, del mismo color de mi chaqueta, lo primero que vi fueron sus cejas tan tupidas, tan negras, tan intensas, y ese anillo ancho, liso que lleva en la mano izquierda, plateado, brilloso.

A ratos creo que se siente incómodo, o más bien me siento incómoda yo, de tener menos experiencia que él y llegar a un lugar un poco más alto que el suyo. Pero me lo he ido ganando a pulso, teniendo cuidado de no pasarlo a llevar. No es mi amigo, no sé si lo llegaremos a ser, tampoco me interesa eso. Sólo quiero que trabajemos bien.

A través de las puertas de vidrio veo sin querer, a Carolina, todos los días, en todas las horas de almuerzo, pero hago como que no veo, como que no se. A veces están abrazados escuchando música, a veces sus manos están juntas.

Los primeros días creo que es su pareja o algo similar, pero no sé por qué no me intereso más, no pregunto nada... además qué tengo que andar preguntando cosas, si tampoco quiero contar mi vida.

Un día de febrero está nublado, tengo frío, asi que me estoy moviendo de un lado a otro, haciendo cosas, para aguantar. De repente miro afuera una muchacha, blanca, blanca, está parada mirando un arreglo floral gigante que dejaron en la entrada.
Me doy cuenta que no trabaja con nosotros.

Vuelvo a mi oficina ordenando cosas, y de repente entra Tomás con la muchacha, me la presenta, me dice que es su señora. Se llama Denise. Ella me saluda muy cordial, me parece una mujer buena, impecablemente vestida. Quiere hablar más conmigo, pero Tomás se la lleva rápido, y caminan de prisa hacia la entrada, más allá del arreglo floral.
 
sábado, noviembre 08, 2008
Lo ha dicho: Niña Incógnita, a las 10:44 AM

¿Qué pasó? ¿en qué momento todo cambió?. La muerte de Diego, me impactó, porque tenemos la misma edad, porque seguramente él y su polola estaban llenos de sueños, y la vida cambia de un minuto para otro.
Pero saber otros detalles, que esto no fue un simple robo, que no se trata de un delincuente común, me deja helada.
¿Cómo puede haber tanto odio, como para desear la muerte?, ¿cómo?, ¿no hay sentido común?, la decisión de matar, aún arriesgando la vida de otros, que nada tienen que ver con rencillas familiares.
¿En qué parte del camino nos perdimos? ¿cómo nos perdimos tanto?, ¿acaso ya no habrá retorno?
 
jueves, agosto 21, 2008
Lo ha dicho: Niña Incógnita, a las 7:03 PM

Los ojos de mi abuelo son oscuros, me miro en ellos con tantas preguntas sin respuestas.
Quiero creer que nadie se muere en la víspera, que los malos tiempos pasan, y que se puede volver a sonreir a pesar de todo.
Podría escribir tanto sobre las penas, sobre la incertidumbre, pero creo que a pesar de esta tormenta, aún me mantengo en pie, porque... aunque me cansa, no me termina de agotar.
Mi abuelo casi no tiene arrugas, su frente está firme, y a pesar de su fragilidad veo en él la figura de hace unos años, de un hombre fuerte, de esos que trabajan siempre. Tiene sobre sus piernas un chal con una línea roja que contrasta con el color de su piel y de sus canas.
Su mano está tibia, casi fría, dice que los días están mejorando, recuerda su infancia, su juventud, su trabajo, dice que sabe quien soy, pero a veces yo no creo. Pienso que se quedò con mi figura de niña y no con esta imagen nueva que ni yo misma entiendo.
Dice que todos los días ve a Dios, pero que él se devuelve, y está esperando ahí que pasen los días, que está en los descuentos.
Yo le digo que si esta ahi es por algo, aunque su familia de origen ya no esté, tiene una nueva familia, ésta que formo él.
Hay días que hasta el gris del cielo me ha dolido, a ratos creo que perdí los remos de esta embarcación.
Pero si estoy aquí, con este frío, con esta niebla, en este barco sin rumbo, en este hoy como está mi abuelo, es por algo.
 
viernes, junio 27, 2008
Lo ha dicho: Niña Incógnita, a las 5:02 PM

Esta es la entrada número 100, y está lejos de ser una fiesta. Incluso me pasé por alto el segundo aniversario de este blog, porque no tenía inspiración para escribir nada, y no se bien por qué, quizás ni siquiera tenía algo que decir.
Miro entradas anteriores, donde veía dolores de otros, pero no sabía que venía en el camino una piedra para mí.
Hoy estoy sufriendo, a veces sin lágrimas, a veces con ellas. Estoy tratando de mantenerme en pie, pero es dificil, tengo pena, tristeza y pocas esperanzas.
 
lunes, abril 21, 2008
Lo ha dicho: Niña Incógnita, a las 7:46 PM

Definitivamente esta historia me conmovió.

Los días de calor ya partieron, por eso la noche estaba tan fría, caminamos entre las luces, y el pavimento resbaladizo, tomamos café, nos reímos, y fuimos los cuatro, al departamento de Daniel para terminar la velada, y picar algo.

Me sorprende como pasan los años, y casi no los siento, me sorprende conocer a Daniel, y más a Pamela hace ya tanto tiempo. Esa misma nostalgia nos llevó a recordar a un par de amigos, que ahora aparecen como almas resucitadas en el popular facebook.

Así empezó Daniel a contarnos que Constanza lo contactó por facebook.

Constanza fue una polola de "juventud" de Daniel, quizás la primera. Él tenía unos 19, ella uno menos. Sin embargo, no alcanzaron a cumplir un año de relación.

El pololeo marchaba de lo mejor, se entretenían, salían donde querían, hasta que pasó algo que sin duda marcó sus vidas.

Constanza viajaba en auto con su mamá. La mamá manejaba, de pronto y sorpresivamente un camión en sentido contrario se atraviesa en el camino de ellas, y golpea con toda su fuerza el lado del copiloto donde viajaba Constanza. La muchacha despertó días después en una clínica de Santiago con los peores pronósticos, y su madre se recuperaba poco a poco de sus lesiones en otra habitación de la misma clínica.

Constanza perdió su capacidad motora, su habla, no podía caminar. Sus padres que lo tenían todo buscaron los mejores médicos, pero las posibilidades de sacarla adelante eran mínimas. Daniel iba a verla, a acompañarla esos días.

Ni la Clínica Las Condes, ni la Clínica Alemana tenían las herramientas para recuperarla, lo mejor en ese mmomento lo encontraron en los centros de la Teletón.

Fue recuperando el habla, pero aún no podía caminar, fue por eso que Constanza tuvo que partir, y ambos dieron por terminada la relación. Por un tiempo ella y Daniel, mantuvieron algún contacto por teléfono, por mail. Constanza recorrió Estados Unidos, Suiza, Italia, hasta que volvió a caminar, y los años, la vida, los cambios de celular y de correo electrónico los llevaron a perder esa comunicación

Daniel siguió su vida, tuvo algunas pololas, hasta que conoció a Pamela con quien lleva algunos años de noviazgo.

Ahora que Daniel cumplió 30 años, Constanza lo contactó de nuevo, diciendole que lo había estado buscando siempre, que lo había intentado todo, pero que nada había dado resultado, hasta que su hermano le comentó de facebook. Ahí vio un Daniel similar al que ella conoció, que aparecia con una muchacha abrazados.

Era él, pudo saber que Daniel ya se ha titulado, que trabaja y que lleva una relación larga con Pamela. Ella le contó que hoy vive en España, y que el dinero de sus padres no llena su vida, y que hasta hoy no ha encontrado un hombre que la acompañe, y que no lo olvida. Además le
comentó que adoptó una hija, y en honor a él se llama Daniela.

Cuando Daniel cuenta que la niña se llama como él, los ojos se humedecen y se pierden en la ventana. No puedo evitar mirar a Pamela que sonrie levemente mostrando una mezcla de tristeza y preocupación.

Comentamos la tragedia de esa muchacha y como el recuerdo quizás idealizado de Daniel, aún la hace feliz, Pamela también pierde la vista en la ventana, pero ya es tarde, y es hora de partir.
 
jueves, febrero 28, 2008
Lo ha dicho: Niña Incógnita, a las 9:01 PM

La vida, sin duda es compleja. Eso no es nuevo. Decidir cada día, decidir en medio de mis veinte me hace reflexionar.

La otra vez, escuchaba a Pilar Sordo, diciendo que hoy las mujeres están cada vez más "independientes", evitando el compromiso, el matrimonio, los hijos, por las quejas constantes que escuchamos de nuestras tías, abuelas y madres.

Algo de de cierto en ello debe haber. Yo las he escuchado. Que los hombres nunca cambian sus defectos, que el embarazo es incómodo, que el parto es doloroso, que el cuerpo no se recupera, que la vida cambia, que ya no se puede salir, ni viajar, que las responsabilidades, las obligaciones, los compromisos.

Pero más allá de eso, hoy me detengo en lo que me dice a mi, la sociedad de manera expresa: no te cases, tienes que salir más, tomate un tiempo, lo peor que puedes hacer es casarte en dos años más, que es eso de pasar de los cuadernos a los pañales.

Cecilia es la secretaria más trabajadora y buena persona que he conocido, ella me ha observado y ha observado a mi pololo, y me dijo que ese muchacho no se va a separar de mi, a menos que yo decida dejarlo a él.

Y qué es lo que quiero yo?. Probablemente la respuesta no esté completa.

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