jueves, agosto 21, 2008
Lo ha dicho: Niña Incógnita, a las 7:03 p. m.

Los ojos de mi abuelo son oscuros, me miro en ellos con tantas preguntas sin respuestas.
Quiero creer que nadie se muere en la víspera, que los malos tiempos pasan, y que se puede volver a sonreir a pesar de todo.
Podría escribir tanto sobre las penas, sobre la incertidumbre, pero creo que a pesar de esta tormenta, aún me mantengo en pie, porque... aunque me cansa, no me termina de agotar.
Mi abuelo casi no tiene arrugas, su frente está firme, y a pesar de su fragilidad veo en él la figura de hace unos años, de un hombre fuerte, de esos que trabajan siempre. Tiene sobre sus piernas un chal con una línea roja que contrasta con el color de su piel y de sus canas.
Su mano está tibia, casi fría, dice que los días están mejorando, recuerda su infancia, su juventud, su trabajo, dice que sabe quien soy, pero a veces yo no creo. Pienso que se quedò con mi figura de niña y no con esta imagen nueva que ni yo misma entiendo.
Dice que todos los días ve a Dios, pero que él se devuelve, y está esperando ahí que pasen los días, que está en los descuentos.
Yo le digo que si esta ahi es por algo, aunque su familia de origen ya no esté, tiene una nueva familia, ésta que formo él.
Hay días que hasta el gris del cielo me ha dolido, a ratos creo que perdí los remos de esta embarcación.
Pero si estoy aquí, con este frío, con esta niebla, en este barco sin rumbo, en este hoy como está mi abuelo, es por algo.